Jessica Jara

poesía

El amor en un caramelo...

Escrito por JessJara 02-08-2018 en Poesía. Comentarios (0)

Había un susurro y un suspiro, 

siempre detrás de esas pupilas dilatadas. 

Cuando sonreía ante el vacío de lo cotidiano 

y hacía brotar la magia, 

incluso aunque las tardes eran la monotonía de lo que ha quedado estancado en la nostalgia. 

Podía transformar un domingo en un viernes, 

una noche fría en un abrazo templado, 

 una lluvia en el baile más alegre. 

 Miraba el cielo y se imaginaba en las nubes, 

saltando sobre la ternura que le rodeaba y el velo de pasión que le envolvía. 

 Cantaba suave, 

inventaba historias para atrapar a mi curioso corazón, 

despertaba en las madrugadas 

recorriendo la habitación con su mirada 

asegurándose que no haya fantasmas 

y se despedía con un beso cargado de cariño. 

Así era su manera de amar, 

con la luz encendida, 

con el miedo al mundo, 

subiendo y bajando las escaleras cada vez que olvidaba algo, 

con el sabor a menta en sus labios, 

con la poesía en la lengua, 

con sus sueños de libertad, 

con la esperanza de que todo cambie. 

Amaba despertando a toda hora, 

imaginando laberintos, 

dibujando planetas en los bordes de las hojas, 

garabateando mis cuadernos 

y escondiendo frases en las esquinas 

y comprando caramelos de limón. 

Ese era su mundo, 

y a decir verdad, 

el mío también. 

Después de todo, 

el amor no se trataba de creencias

y posibilidades, 

de idealizaciones 

y prejuicios. 

El amor era eso. 

Tan sencillo como eso, 

como un beso, 

un poema, 

un cuento, 

un caramelo, 

una luz, 

el momento en que todo dejaba de existir 

y sólo estábamos sentados mirando el horizonte.

Todo estará bien...

Escrito por JessJara 02-08-2018 en poema. Comentarios (0)

Yo tenía la delicadeza de preguntarle qué tal su día,

si había estado mirando el cielo,

si aún seguía con las pesadillas nocturnas que le despertaban 

siempre a la misma hora.

Me detenía a preguntarle si las lágrimas le afloraban,

o si por el contrario,

hoy había sido un día bello.

Qué impunidad brotó de aquella voz

detrás de una breve llamada "pronto, pronto todo estará bien"

y ¿cuándo las cosas estuvieron mal?

Le contaba las anécdotas graciosas de la vida,

sumaba y restaba, recordaba detalles,

le sonreía sin oscilar

y amaba verle las pupilas dilatadas, 

las comillas de los labios,

despertar entre frases, construir rompecabezas,

me enviaba su cielo y yo el mío,

eso era bello.

Nos poníamos a leer siempre el mismo capítulo,

porque nos gustaba, porque lo disfrutábamos siempre de a dos.

Y nadie pedía nada,

yo no quería su libertad, ni quería imponerme. 

Caminaba y yo le tomaba la mano,

y cuando yo me adelantaba, corría para abrazarme,

eso era querer.

Escribía frases en las servilletas de los bares,

me miraba con curiosidad y luego de dos cervezas,

tomaba el bolígrafo para terminar lo escrito,

odiaba las cosas inconclusas,

aunque toda su vida, fue una infinidad de historias sin fin,

sin puntos finales.

Yo le escuchaba atentamente, 

le aconsejaba, nunca me perdía de nada. 

En cambio yo... siempre esperaba,

con paciencia, el día que se interesara por algo de verdad.

Yo esperaba... esperaba... "algún día tal vez quiera saber quién soy".

Las expectativas no existían,

siquiera podíamos programar una cita,

le gustaba ser impuntual.

Y un día dejó de ser gracioso,

las calles se cortaban,

la lluvia dejó de mojarnos

y ya no saltábamos sobre los charcos,

tampoco nos mirábamos,

tampoco leíamos, ni escribíamos frases,

no cedía, no me veía. 

Como de costumbre le sonreí,

el orgullo otra vez había ganado,

bajé mis últimas palabras en el sorbo de café

y le dije "ya fue, pronto todo estará bien".

More than This

Escrito por JessJara 24-06-2016 en Poesía. Comentarios (0)

En tu sonrisa vi la prisa de escapar del mundo,¿qué vestido llevarás puesto cuando bajen los ángeles?

querida... eras más de lo que yo podía pedir.
Cuando me despertó el sol aquella mañana de junio, quise ver hacia el horizonte de las pupilas oscuras y penetrantes. Esas sombras son la oscuridad del alma que nos persigue de vidas pasadas. 
La conciencia dejó de calmar mi voz si siendo tarde a la noche, no respondía entre tantos vaivenes. Quisiera abrazar la púrpura belleza de esa manía alocada, de escapar cuando no se debía, de querer a destiempo y conseguir palabras llenas de derrotas cotidianas. 
Un piano a la madrugada contribuyó a mi estado pensativo, los muchachos agotados regresando de sus incansables juergas, pero no puedo contentarme aún, estamos allí perdidos en medio de la incertidumbre y sin palabras que intervengan en la lógica comunicativa.
¿me quieres detener en la espera? ¿me quieres retener en tu pozo intencional?
Me da por pensar este caos tan lleno de calamidad, me tienes a medias, desmintiendo con desidia, con escaso temperamento. Una vida casi impersonal, casi ajena. No tengo dudas que me dejará con este miedo poco concreto y expandirá su espacio hasta llegar a mi pecho, pero tampoco bastará con eso, pues, como dijo bajo esa noche estrellada "lo quiero todo... hasta lo último que haya, hasta el polvo de tus huesos".


El arte de la colisión

Escrito por JessJara 02-04-2016 en poema. Comentarios (0)

Un beso recién, luego de una jornada a tientas, un día en búsqueda de la luz.

Usted puede entender el hecho de encontrarnos siempre en el mismo rincón de los sueños pero un día yo debía solidificar mis deseos materializándolos en la realidad… y aquí la encuentro, caminando lentamente hacia la puerta de mi vida.

Sus palabras de momento algo impulsivas, de a ratos muy certeras, me ha sabido guiar en la penumbra de los días agobiantes y me acaricio cicatrizando cada porción de piel herida. 

Confíe en los ojos y las manos viejas, que aunque se cansen de la vida rutinaria y deprimente de los mortales, aun pueden creer en el amor y usted me enseño que con las palabras no se alcanza, que gritar y enloquecer también es de inteligentes. 

Ese ser que simplemente emergió a la superficie, habiéndose escondido del mundo por mucho tiempo, me demostró que la sonrisa es un canal de conexión que conduce directo al ombligo del universo personal, donde al colisionar dos mundos el universo se expande incorporando mas maravillas…. Y aunque deseemos que muchas cosas desaparezcan por el gusano negro, nos damos cuenta que nos armamos y nos construimos con eso, cada partícula del espacio es la marca de una historia.

Habiéndome besado solo una vez, se fundió en mi y me dejo marcado hasta su sabor en mi boca. Le he puesto un nombre en mil lenguas distintas, pero nada fue mejor como aquella vez que me dijo “recuerda…. No existen palabras que abarquen la inmensidad de las emociones, cada palabra que surge no es mas que una teoría subjetiva del infinito universo de cada uno.. No las creas todas, no te apropies realmente, ellas van y vienen. Todavía tienes mucho que descubrir, no le pongas nombre a lo que no conoces” y calló mis pensamientos tumultuosos con su paz.

Temí que deseara correr antes de las tres y no quisiera ver lo trasparente que pueden ser los sentidos si solo amas con el corazón y la conciencia de saber que otro existe, que otros pasos se escuchan en el camino de la existencia. 

Leí la pronunciación y detrás de las líneas, detrás de cada juego, había una intensión y antes de que yo pudiera armarme un idea previa tomo mi mano y no quiso hablar, solamente me miro fijo y por una suerte de conexión que escapa a la razón atino a transmitirme lo que no se contentaba solo con pensar, sino también sentir: “Sabes mi intensión... Me encanta inventar historias y hoy no quiero crear una a solas, la que empiezo  escribir a partir de ahora, será en tu compañía…” y allí mismo me abrazó….