Jessica Jara

Arte, la sensible expresión del alma

Letras, palabras e imágenes

Antinomios

Escrito por JessJara 21-11-2018 en Poesía. Comentarios (0)

No era cuestión de deseos 

 Ni de planteos, 

Era un sinfín de palabras, 

El recuento de estrellas perdidas 

En medio de nuestras batallas.

 La versión de los infiernos y los cielos 

Resumida en un recuerdo. 

 Una párabola de lo humano, 

Con fragmentos olvidados

 Y sugestiones que contaminan. 

Allí encontraremos un momento, 

Un respiro que nos saque 

del antinomio que alardea encontrarnos de nuevo.

Todxs se van en primavera

Escrito por JessJara 21-11-2018 en Poesía. Comentarios (0)

Todxs se van en primavera. 

Y no es una leyenda, 

Tampoco diría que un mito. 

Se alejan sin mediar palabra, 

Sólo una mirada y el viento sopla 

Llevándose así el último suspiro. 

Dejando

 El último recuerdo grabado a fuego. 

La presencia va caminando lentamente, 

Con sus pasos suaves, 

Vestida con su atuendo favorito 

Y seguro sonría, 

Es su manera de darte la bienvenida 

Y yo darte un adiós. 

Me avisa que pronto nos volveremos a ver. 

Me lo habían contado a modo de curiosidad, 

Que sí, 

Que todxs se van en primavera 

Y que sus cuerpos se convierten en flores 

cuyos aromas llegarán a mi 

Un día cualquiera, 

cuando piense que ya todo ha pasado 

y me distraiga entre las cosas de lo ordinario.

Entre ayer y hoy

Escrito por JessJara 14-09-2018 en Poesía. Comentarios (0)

Siempre iba y venía entre las dos calles que nos separaban. 

Entre el número par o impar 

que hacía a su cuadra y la mía un perfecto juego matemático 

y la diferencia que se establecía 

cuando yo confundía su silueta con la oscuridad 

o la profundidad con un suspiro. 

Le daba gracia mi incapacidad 

para hacer gestos frente a una cámara 

o no poder mirar fijo a los ojos 

más de tres segundos sin comenzar a reirme. 

Una ilegalidad ante la vida

 y una respuesta suspendida en el tiempo, 

una pregunta que se iba modificando 

y dos palabras que nos acercaban. 

Sus ideas de vanguardia 

y sus manos delicadas, 

jamás podía contar todo sin dudar de si era un sueño 

o un deja vu 

o producto de seres superiores 

que trazaban planes para un corazón como el suyo. 

 Su dulce voz,

 concomitante potencial a mis anhelos vagos y pulcros, 

quizás delirantes y utópicos, 

tan propio de mi. 

Me queda admitir que fui algo más que su compañía 

y su presencia, 

mi agradable desdén del mundo. 

Siempre quemaba lo que comería 

o arruinaba el prolijo 

y disciplinado orden de las cosas en su entorno. 

Era casi automático 

su movimiento de quitar una cosa para poner otra

 y nunca recordar donde puso la primera sin tropezarse con ella, 

para terminar burlándose de su torpeza. 

 Por eso, también, se enojaba 

y declaraba blasfemias a todo lo demás, 

encerrándose en su todo 

y en su nada, 

en su círculo de desesperanzas, 

llorando sobre mis hombros

 y bebiendo largos sorbos de cualquier sustancia de turno. 

Como una acción en potencia, 

acarreando mil efectos, 

pero produciendo una imagen tras otra, 

acomodando momento con momento formando una historia. 

Su presencia en mi recuerdo en los días de septiembre. 

Ahora le absorbo a cada estrella su alquimia, 

su místicidad, verás, varias cosas han cambiado... 

Pero sigo sonriendo 

ante el complejo tramo que se proyecta hacia delante 

en sentido o a la inversa de lo pautado antes a tu lado. 

Siempre vamos y venimos, 

entre el pasado y el presente. 

Entre los años que diferencian tu recuerdo de lo real. 

Entre lo que fuimos y somos hoy, 

un juego de progresiones aritméticas, 

de simetrías y probabilidades. 

Una infinita singularidad, 

tan tuya pero tan atenta a lo nuestro, 

donde habitamos, 

donde fuimos 

y seguramente, 

donde aún somos.

El amor en un caramelo...

Escrito por JessJara 02-08-2018 en Poesía. Comentarios (0)

Había un susurro y un suspiro, 

siempre detrás de esas pupilas dilatadas. 

Cuando sonreía ante el vacío de lo cotidiano 

y hacía brotar la magia, 

incluso aunque las tardes eran la monotonía de lo que ha quedado estancado en la nostalgia. 

Podía transformar un domingo en un viernes, 

una noche fría en un abrazo templado, 

 una lluvia en el baile más alegre. 

 Miraba el cielo y se imaginaba en las nubes, 

saltando sobre la ternura que le rodeaba y el velo de pasión que le envolvía. 

 Cantaba suave, 

inventaba historias para atrapar a mi curioso corazón, 

despertaba en las madrugadas 

recorriendo la habitación con su mirada 

asegurándose que no haya fantasmas 

y se despedía con un beso cargado de cariño. 

Así era su manera de amar, 

con la luz encendida, 

con el miedo al mundo, 

subiendo y bajando las escaleras cada vez que olvidaba algo, 

con el sabor a menta en sus labios, 

con la poesía en la lengua, 

con sus sueños de libertad, 

con la esperanza de que todo cambie. 

Amaba despertando a toda hora, 

imaginando laberintos, 

dibujando planetas en los bordes de las hojas, 

garabateando mis cuadernos 

y escondiendo frases en las esquinas 

y comprando caramelos de limón. 

Ese era su mundo, 

y a decir verdad, 

el mío también. 

Después de todo, 

el amor no se trataba de creencias

y posibilidades, 

de idealizaciones 

y prejuicios. 

El amor era eso. 

Tan sencillo como eso, 

como un beso, 

un poema, 

un cuento, 

un caramelo, 

una luz, 

el momento en que todo dejaba de existir 

y sólo estábamos sentados mirando el horizonte.

Puentes al abismo

Escrito por JessJara 02-08-2018 en Poesía. Comentarios (0)

A veces somos pequeños puentes que van hacia el abismo, 

nos precipitamos buscando lo esencial, 

las marcas de lo absurdo, 

la posibilidad de caminar hacia el desencuentro y lo peor,

 es que hoy, 

no lo vemos. 

No lo reconocemos, 

es lo que ellos llaman "un mecanismo inconsciente". 

Me preguntó a qué le temía, 

si a los muertos que habitaban en mis bosques oscuros 

o a lo que afloraba desde la luz que enceguecía. 

 Y en verdad, ahora, no lo se. 

Sonreía con una ligera marca en sus labios, 

con las miradas cargadas de frustraciones, 

hacia aquello etéreo. 

Por las noches tendía a romper la piel con la punta de un alfiler 

y era mi alma que poco a poco se consumía, 

se desarmaba, 

se deshacía. 

¿A dónde vas ahora? Me preguntó. 

 No importa, respondí. 

Y era cierto. 

¿Realmente importa dónde vamos a la medianoche bajo un cielo despejado 

y una luna que acompaña los pasos solitarios hacia el infinito destierro de lo que somos? 

El retorno a lo impenetrable, 

a lo inestable, 

a lo oscuro que se balancea sobre las paredes del recuerdo, 

de lo latente. 

 La vida era ese camino a lo incierto. 

Esos pasos que dimos bajo la noche estrellada, 

los sueños dormidos 

y el limbo de la memoria, 

entre lo que dejabamos de lado para sobrevivir 

y la incógnita de lo que vendría después.