Jessica Jara

Lluvia en la ciudad

La ciudad olía a humedad en ese espantoso jueves de junio. No hay nada más desolador que un paisaje lluvioso de otoño en ésta ciudad tan ambigua -como lo son mis sentimientos hacia ella-

Tomé un colectivo y me parecía que una persona volteaba hacia mí, veía mi pelo de color. Seguro se sorprendía de ver colores en un día tan oscuro.

Supuse que atravesando la avenida, encontraría tu mirada del otro lado, que sería como una ligera brisa, de esas que renuevan el aire en verano. Aunque ahora haga frío y eso no acompañe mi ánimo.

Deseaba ver sus ojos calmos, con esa tranquilidad que deja adormecida la mente y despierta el alma. Que sus manos tocaran mi brazo al dar los buenos días y su sonrisa iluminara lo que el sol, tras las nubes, no podía.

A veces, sólo necesitas una pieza de todo el rompecabezas, sólo una y es la que permite que puedas ver el paisaje de otra manera. Yo sólo buscaba esa mirada, la de los ojos oscuros envueltos en luz.

Las aves cantaban y yo pensaba en atravesar la avenida, la puerta, el umbral y el resto de las miradas que se cruzaran, sólo, para hallar tus ojos entre tanta lluvia, como un faro en medio de un océano hambriento.

Sin embargo, aquel jueves la ciudad me devoró.

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